El REPORTAJE

Este blog fue creado bajo el formato periodístico del reportaje… 

El reportaje se caracteriza, con respecto a otros géneros periodísticos, por su diversidad funcional, temática, compositiva y estilística. Desde el punto de vista compositivo y estilístico, es un género muy versátil, ya que puede incorporar y combinar múltiples procedimientos y recursos de escritura, absorber en parte o del todo otros géneros periodísticos informativos…

Aquí les comparto un artículo trabajado de manera conjunta con dos colegas bolivianas.

 EL REPORTAJE

 INTRODUCCIÓN. Cuando miras la televisión o lees un periódico y observas una noticia o un reportaje, la cual te presenta entrevistas e informaciones, quizás te preguntes ¿para qué sirve el reportaje si es lo mismo que la noticia? Pues no es así, pensar de esta manera es un error.

En el periodismo, el reportaje apareció a principios del siglo XX, específicamente a comienzos de 1900-1920. Durante este tiempo el reportaje no solamente se consolido de tipo periodístico, sino como una mezcla noticioso-literaria con matices de tipo descriptivo y narrativo.

El reportaje se caracteriza, con respecto a otros géneros periodísticos, por su diversidad funcional, temática, compositiva y estilística. Desde el punto de vista compositivo y estilístico, es un género muy versátil, ya que puede incorporar y combinar múltiples procedimientos y recursos de escritura, absorber en parte o del todo otros géneros periodísticos informativos -como noticias, informaciones, crónicas, entrevistas…-y de opinión -columnas y comentarios- además puede asimilar parcial o totalmente géneros literarios y artísticos -como la novela, el ensayo, el short story, el cine o el teatro. (Sonia Fernández Parta)

El único límite lo imponen las exigencias de claridad, exactitud y eficacia inherentes a todo periodismo informativo de calidad (1).

El primer medio que incursionó en el género reportaje, en Latinoamérica, fue la revista brasileña O’Cruceiro Internacional, mientras que en Estados Unidos, el reportaje se inició con los periodistas Britton Haddney y Henry Luce, quienes realizaron las primeras publicaciones en la revista Time. Ya a principios de la década de los años 50 el género reportaje era utilizado en varios países de América Latina, y algunos periódicos se esmeraron por publicar este género pero desde un ámbito mucho más periodístico. Lo cierto es que a principios de los años 60, el género reportaje era ya manejado de forma usual y muy profesional en los principales medios escritos de nuestro continente. Y comenzaba a incursionar en los medios de radio y televisión, claro está, como un género más centrado hacia la máxima información objetiva.

 DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN. Se han hecho muchas definiciones del género reportaje, la mayoría de autores como Emil Dovifat, Martín Vivaldi, Martínez Albertos, etc. La que José López y Miguel Túñez hacen, si bien no es necesariamente la más acertada, sirve para una aproximación definitiva a una definición correcta: es un género informativo en el que se refieren hechos que no tienen por qué ser estrictamente actuales, con un estilo informativo que permite más libertad que la noticia, y sin continuidad en el temario de los medios (2).

Martín Vivaldi dice: “El término reportaje es una voz francesa con raíces inglesas, que realmente proviene del latín y que llevado al español es “Reportare”: que significa traer o llevar una noticia. Y según la voz francesa Compte réude, se describe como la información recabada de algún hecho, situación o viaje escrito por un reportero.

 ESTRUCTURA. Es ineludible que un buen periodista deba seguir una guía progresiva para los efectos de buscar el tema, las investigaciones correspondientes, selección de información, construcción del reportaje, la revisión de éste y su publicación. Primeramente, debe disponer de un tema, ya sea asignado o buscarlo si es por agenda libre. Dicho tema debe ser interesante y preferiblemente actual, aunque no es obligatorio. Seguidamente, el periodista inicia la búsqueda de las fuentes (ya sea humanas, documentales o electrónicas), que puedan guiarnos directamente a la investigación profunda del tema.

De inmediato se empieza el trabajo de investigar sobre el hecho en cuestión. Se realizan las entrevistas correspondientes. Al poseer ya el material correspondiente a la búsqueda, se procede entonces a la selección minuciosa de la información a utilizar en la construcción del reportaje. En este caso se escogerá lo más importante, pero sin obviar ningún punto sobre el tema.

Dada la selección de la información, se comienza escribir la entrada para el reportaje. Por la amplitud y profundidad de este género, la entrada o entradilla tiene que ser llamativa e interesante para que capte la atención de quien la lea. De inmediato se empieza a la redacción lógica y estructurada del reportaje. Concluida la redacción se revisa la información escrita y se publica finalmente. Éste es el procedimiento adecuado para la redacción de un reportaje. (Carlos Miguel Patterson)

 DIFERENTES FORMAS DEL GÉNERO REPORTAJE. El reportaje se puede redactar de diferentes formas, atendiendo al tipo de tema investigado, lo extraordinario del mismo y por supuesto el estilo y creatividad que posea el periodista. Las formas más usuales que se utilizan en este género son el descriptivo y el demostrativo. El primero, como su nombre lo especifica, describe cada aspecto del tema investigado. Es llamado también gran reportaje o reportaje clásico o tradicional. Con respecto al demostrativo, es menos usado que el descriptivo; se utiliza con mayor frecuencia en el periodismo investigativo. Su función, comprobar algo dentro de la investigación. Para Elvia Tejada, periodista de profesión, son dos las formas en que se puede presentar el género reportaje; el ya conocido gran reportaje y el reportaje personalizado; este último se instituyó hace algunos años en medios audiovisuales e impresos de Estados Unidos. En este tipo de reportaje “el periodista es parte de la historia”, presentando anécdotas, esbozando opiniones sobre el tema y presentando sus vivencias durante la investigación.

BREVE HISTORIA DEL REPORTAJE. Como dijo Martín Vivaldi, “el reportaje es tan antiguo como la Humanidad” (3), y es de suponer que siempre hubo hombres dispuestos a contar aquellos sucesos o hechos de que habían sido testigos y que se consideraban dignos de ser conocidos y, por tanto, divulgados.

También Albert Chillón se sitúa en esta línea, al afirmar: (…) la función de reportar novedades, noticias o testimonios es probablemente tan antigua como la misma existencia de la escritura, el género reportaje como tal se ha ido configurando a medida que la cultura periodística ha diversificado sus funciones y refinado sus técnicas (4).

Y al tratar de determinar en qué momento de la historia se produce su nacimiento, Chillón señala: “A mi parecer, va a nacer de la literatura testimonial tradicional -especialmente de las crónicas, relaciones epistolares, estampas costumbristas y relatos de viaje-; se va a ir configurando aproximadamente durante la primera mitad del siglo XIX, con la sustitución de la prensa de partido (…) característica del siglo XVIII por la prensa informativa de amplia difusión; y se va a consolidar, entre las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX, con el advenimiento de la denominada sociedad de comunicación de masas, de la mano de las agencias de noticias, los documentales cinematográficos, los informativos radiofónicos y, sobre todo, de los magazines ilustrados y los grandes diarios de información general (5).

Alrededor de la mitad del siglo XX, los responsables de periódicos se dieron cuenta de que el mundo se había convertido en algo tan complicado en sus políticas, sus economías y sus ideologías, que era necesario apoyar los textos con comentarios para presentar las noticias de una forma clara; de esta manera, los directores se inclinaron hacia lo que llamaban “reportaje interpretativo” (6). Así es cómo surge una modalidad de reportaje diferente y superadora del concepto clásico representado por el reportaje objetivo.

Es durante la década de los 50 y 60 cuando el llamado “gran reportaje” o reportaje en profundidad vive sus momentos dorados. Lo que había empezado como una modalidad periodística típica de las revistas gráficas, saltaba a los periódicos diarios mediante una serie de adaptaciones. De este modo, el reportaje interpretativo se convirtió a principios de los 70, en una de las piedras angulares y básicas del llamado “Nuevo periodismo”, que, según Sebastiá Bernal y Albert Chillón, designa un heterogéneo conjunto de obras y autores cuyo denominador común consiste, en primera instancia, en su más o menos drástica distinción con respecto al periodismo escrito convencional publicado en Estados Unidos hasta los primeros años de la década de los sesenta (7).

Lo que sí parece claro es que uno de los rasgos más destacados de esos años es la crisis del denominado “estado de bienestar”. Este fenómeno se manifestó de forma particular en las generaciones más jóvenes de la época, que pusieron en entredicho los fundamentos del orden social vigente.

En la actualidad, puede decirse que el nuevo periodismo es un fenómeno prácticamente acabado, y la publicación de sus trabajos se ve reducida a suplementos dominicales y algunas revistas y diarios convencionales.

Sobre el tipo de reportaje que hoy se publica en la prensa, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, existen opiniones muy dispares. Hay autores que encuentran motivos para opinar que el reportaje es un género abocado al fracaso y que su fin está próximo, pero las razones que me llevan a pensar lo contrario están suficientemente fundamentadas como para defender con solidez la visión que expongo a continuación.

A pesar de lo dicho, la prensa de masas, desprovista del monopolio de la información por los medios audiovisuales y por las TIC’s va demostrando desde hace unos años transformaciones técnicas, productivas, estéticas, temáticas y estilísticas.

En contrapartida, los beneficios que aporta este tipo de géneros no son pocos. Esto lo constata Martín Vivaldi en sus comentarios sobre el gran reportaje, extensibles a cualquier reportaje elaborado con verdadera profesionalidad, independientemente de su extensión:

Cumple una misión, no sólo informativa sino cultural de primer orden. Informa a los lectores, comunica cuanto de comunicable haya en el mundo y, al propio tiempo, conforma sus gustos, afina el paladar literario del público lector, porque la información realizada y trabajada con altura, con nivel literario y precisión periodística -incluso con preocupación filosófica- puede ser (…) una poderosa fuerza educativa (8).

No debemos olvidar al periodista, más concretamente el reportero. Éste debería contar con las condiciones necesarias para salir de la rutina de trabajo que supone escribir diariamente informaciones “en serie”, y que le permitan captar cualquier aspecto de la realidad -tanto político como económico o social- con profundidad, llegar a la esencia de los hechos y ofrecérselos al lector analizados detalladamente.

CONCLUSIONES. Actualmente, la función puramente informativa es cubierta por los medios de comunicación hegemónicos como la radio o la televisión con una inmediatez insuperable para la prensa escrita. Por ello el periodismo más creativo, más literario, debería extenderse a todas las páginas de los periódicos, como respuesta a unas necesidades del lector que los medios audiovisuales no cubren.

Los productos informativos de creación, y el reportaje en mayor medida, son la clave para imaginarse cómo será la prensa en las próximas décadas, cuando adquieran más importancia en las páginas de los periódicos la reflexión, la crítica y la interpretación sobre las informaciones ofrecidas masiva e instantáneamente por los nuevos medios emergentes -como Internet- de la nueva era multimedia que estamos viviendo.

Como señalan Bernal y Chillón: “El abandono efectivo de su primigenia función informativa en manos de los mass-media audiovisuales y de los futuros medios basados en el desarrollo de la telemática conducirá irremediablemente a la prensa hacia la adopción de funciones de profundización, contextualización y argumentación de las noticias “duras” servidas a través de aquellos canales” (9).

Su convencimiento es tal que extienden sus predicciones, augurando el protagonismo de los géneros interpretativos más allá de la prensa diaria: “Junto con el previsible incremento de la importancia de los géneros interpretativos tradicionales, es posible prever el desarrollo de nuevas concepciones y prácticas informativas que, en su caracterización formal, estilística y estructural, se asemejarán a los modelos que hoy son patrimonio exclusivo de los medios escritos de periodicidad semanal o mensual” (10).

En concordancia con estos autores, es de esperar que la prensa, si actúa de manera inteligente, abdicará de los modelos inspirados en el periodismo hegemónico anglosajón. Si los gestores de la información escrita quieren afrontar con éxito los numerosos retos que se avecinan y sobrevivir ante los nuevos medios, este hecho deberá ser una realidad más que un boom coyuntural como el que pareció suponer el nuevo periodismo estadounidense.

Autores: Alejandro Gutierrez, Ángela Luque, Rosemary Mamani

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